viernes, 7 de febrero de 2014

El egoísmo I. Visiones caleidoscópicas.






EL EGOÍSMO EN LA BIOLOGÍA

Entre los rasgos que nos distinguen de los otros animales destaca nuestra biología social, que aunque se encuentra también en los primates, en el caso del Homo sapiens tiene un alto grado de cooperación entre los individuos. Parece de sentido común que, puesto que la biología social tiene lugar en el seno de los grupos, ésta evolución social humana se deba al mecanismo de la selección grupal y no al individual. Pero la teoría neodarwinista no puede aceptar la selección entre grupos puesto que los mecanismos de mutaciones genéticas, que desencadenan la adaptación a nuevas situaciones y la posterior selección natural, se dan en el individuo y no tienen ningún sentido aplicarlo al grupo.  ¿Cómo explicar mutaciones adaptativas beneficiosas para los grupos pero perjudiciales para los individuos, como serían los comportamientos altruistas? Qué duda cabe que muchas veces los comportamientos altruistas en los que un individuo se sacrifica en aras de la seguridad de su familia, tribu, grupo social, etc, resultan más rentables para la supervivencia del grupo que un comportamiento egoísta de cada miembro, pero ¿cómo explicarlo al nivel individual desde el punto de vista de la teoría de la evolución?
Diversos autores, desde la sociobiología, han tratado de mostrar que el comportamiento altruista es en realidad muy egoísta en términos de éxito reproductivo. Al favorecer la supervivencia de los descendientes propios y de los de los parientes cercanos, el altruista se está asegurando que sus genes se transmitan. La selección familiar se postula en estudios de Haldane o Richard Dawkins, autor de la polémica obra El gen egoísta (1976). Según este último, los individuos son el medio del que se valen los genes para perpetuarse, para lo cual no dudarán en sacrificar a sus portadores en su propio beneficio, lo cual explicaría el altruismo en la naturaleza. La principal objeción que se plantea a esta teoría es que no sirve para explicar los comportamientos altruistas entre individuos no cosanguíneos. También precisa de importantes matizaciones para entender la existencia de la homosexualidad.
La teoría matemática de juegos permite a John Maynard ofrecer una explicación que saca a la sociobiología del atolladero. Ha desarrollado modelos que representan estrategias evolutivas estables, es decir, aquellas que confieren la máxima eficacia biológica al que las practica en los combates. Sus cálculos le han permitido demostrar que la más eficaz es una estrategia mixta según la cual unas veces  convendrá actuar de modo incruento y respetando las normas y otras todo lo contrario. La conclusión que se extrae es que la cooperación puede resultar a veces rentable aunque los individuos no sean por naturaleza altruistas, es decir, que se da un uso instrumental de la cooperación por parte del egoísmo connatural del individuo.



Extraído de Juan Luis Arsuaga. “Egoísmo y altruismo” en  El enigma de la esfinge. (2001)  


EL EGOÍSMO EN LA PSICOLOGÍA



Piaget, en su obra Seis estudios de psicología (1964) establece las bases de su teoría psicológica estructuralista para explicar las fases del desarrollo del niño. A modo de resumen, establece varias fases por las que va pasando el niño en unos márgenes de edades aproximados. Cada fase ha pasado por una serie de procesos que mantiene la unidad en el paso por las diferentes fases. Cada construcción ha descentrado el punto de vista egocéntrico del principio para situarlo en una coordinación cada vez más amplia de relaciones y nociones. De forma paralela, la afectividad se ha liberado poco a poco del yo, para llegar a ser cada vez más cooperativa gracias a la reciprocidad y a la coordinación de valores.

Kolhberg define los estadios morales que atraviesa el niño en su maduración hacia la adolescencia de la siguiente manera:
I Nivel preconvencional: El niño es receptivo a las normas culturales y a las etiquetas de bueno y malo, justo e injusto, pero interpreta estas etiquetas en función  bien sea de las consecuencias físicas o hedonistas de la acción (castigo, recompensa, intercambio de favores) o en función del poder físico de aquellos que emiten las normas y etiquetas.
II Nivel convencional: se considera que mantener las expectativas de la familia, el grupo o nación del individuo es algo valioso en sí mismo. La actitud no es solamente de conformidad con las expectativas personales y el orden social, sino de lealtad hacia él, de mantenimiento, apoyo y justificación activos del orden y de identificación con las personas o el grupo que en él participan.
III Nivel postconvencional, autónomo o de principios: hay un esfuerzo por definir los valores y los principios morales, que tienen validez y aplicación con independencia de la autoridad de los grupos o personas que mantienen tales principios y con independencia de la identificación del individuo con tales grupos. Los dos estadios de este nivel son la orientación legalista, socio-contractualista y la orientación de principios éticos universales. Este último define la justicia según los principios éticos que la conciencia misma ha elegido y que pretenden tener un carácter de amplitud, universalidad y consistencia lógicas.  

            Kolhberg. La filosofía del desarrollo moral. Estadios morales y la idea de justicia. (1981)


EL EGOÍSMO EN EL PACTO DEL CONTRATO SOCIAL

[…] Los hombres no derivan placer alguno (sino antes bien, considerable pesar) de estar juntos allí donde no hay poder capaz de imponer respeto a todos ellos.  Pues cada hombre se cuida de que su compañero le valore a la altura que se coloca él mismo. […] Por ello, antes del tiempo de la sociedad civil, o en la interrupción del mismo por la guerra, no hay nada que pueda fortalecer un convenio de paz acordado contra las tentaciones de avaricia, ambición, lujuria, y otro deseo fuerte, salvo el temor a aquel poder invisible que cada uno de ellos venera como Dios y teme como vengador de su perfidia.

                                                                                  Thomas Hobbes. Leviatán.(1651)

Como la razón no exige nada que sea contrario a la naturaleza, exige, por consiguiente, que cada cual se ame a sí mismo, busque su utilidad propia, apetezca todo aquello que conduce realmente al hombre a una perfección mayor, y, en términos absolutos, que cada cual se esfuerce cuanto está en su mano por conservar su ser. […] los hombres que se gobiernan por la razón, es decir, los hombres que buscan utilidad bajo la guía de la razón, no apetecen para sí nada que no deseen para los demás hombres […]

                                                                                   Spinoza. Ética.(1677)


La garantía de la paz perpetua a hallamos nada menos que en ese gran artista llamado Naturaleza. En su curso mecánico se advierte en las disensiones humanas, aún contra la voluntad del hombre, armonías y concordia. […] El mecanismo, pues, de la Naturaleza, las inclinaciones egoístas que en modo natural se oponen unas a otras y se hostilizan exteriormente, son el medio de que la razón puede valerse para conseguir su fin propio, el precepto jurídico.
                                                                                  Kant. La paz perpetua.(1795)



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